dissabte, 12 de gener de 2013

ENTREVISTA A MAGALHAES, PUBLICADA A LLEGIR EN CAS D'INCENDI


Entrevista con Gabriel Magalhães, autor de ‘Los secretos de Portugal’

Gabriel Magalhães (Luanda, 1965) es a día de hoy uno de los principales intelectuales portugueses. Sólo que él, igual que muchos ‘Secretos de Portugal’, título de su libro (RBA), también intenta pasar desapercibido. Es un hombre sin Facebook que vive en Covilhã, en la Beira, las tierras de frontera con España. Magalhães es eso, un hombre de frontera, un peninsular que ahora nos acaba de descubrir Portugal con uno de esos libros importantes. Los que han seguido sus artículos en La Vanguardia ya saben que leerlo tiene una virtud: hace pensar.
 Almendres, 20-12-2011 (1)

“En Barcelona, me siento como si estuviera ante un ensayo general de una patria europea”

Sebastià Bennasar. Lisboa
Su libro va mucho más allá de ser un libro sobre Portugal. Es un libro sobre Europa, o por lo menos sobre buena parte de Europa. ¿Se siente ciudadano de este continente?
La ciudadanía europea es algo que está naciendo. Todavía no sabemos si saldrá del útero de sí misma. Pero yo me siento europeo; diré más: quiero sentirme europeo. Las nacionalidades son rumbos del corazón. Ser europeo me permitiría seguir siendo portugués sin que mi bandera fuese un callejón sin salida. Por otra parte, la europeidad obliga a un respeto de lo otro, de los demás absolutamente fascinante. Europa es un seguro de vida de la libertad y de la democracia. Sólo se puede ser europeo con las puertas y las ventanas abiertas. Quizás por eso, este proyecto es tan difícil: sería algo así como una obra de arte de la política y de la cultura. Y es en la cultura, en el sentido más profundo de esta palabra, que sentimos latir el corazón de Europa.
Alerta usted del empobrecimiento general del conocimiento y reivindica el papel de Portugal como posible motor del cambio. ¿Lo cree posible?
Creo, incluso, que ese papel podría ser desempeñado por otras culturas europeas, la catalana por ejemplo. Me explico: hay que ser grande para dominar, pero el poderío no es fundamental a la hora de innovar y de abrir nuevos caminos. Lo hizo Grecia, en la antigüedad, lo hizo Portugal, en el Renacimiento, lo hizo Holanda, quizás lo esté haciendo ahora mismo Islandia. Todos, pequeños países. Claro que, después de esas innovaciones, las culturas más fuertes se adueñan del proceso que ha sido creado por pequeños países. Pero ya nadie nos robará los derechos de autor de los horizontes que oteamos por primera vez. El gran problema de Occidente consiste en salir de un error grave, algo que yo llamaría la obsesión material, regresando a su espiritualidad, sin recaer en los fanatismos del pasado. Se trata de hacer confluir el rascacielos con la catedral, la libertad con la fe, la economía con el humanismo. Catalunya, que tiene una rica cultura y una libre espiritualidad, podría abrir muchas puertas a Europa. Le confieso que, cuando estoy en Barcelona, me siento como si estuviera ante un ensayo general de una patria europea.
Escribe usted sobre Portugal en La Vanguardia. ¿Cree que el lector catalán está realmente interesado por Portugal?
En mi opinión, una parte de los lectores sí lo está. Portugal es en cierto sentido el sueño de Catalunya, y Catalunya el sueño de Portugal. Nosotros tenemos la independencia, la maravillosa posibilidad de vivir en la nube de nuestro idioma, y ese sentido del delirio y de la embriaguez que es necesario si una cultura quiere de hecho ser autónoma. Ustedes, los catalanes, poseen una capacidad de organización y un vuelo analítico basado en una agudísima inteligencia. Barcelona es un suave diagrama cartesiano, flotando en el Mediterráneo; Lisboa es un caos lírico, verso libre mirando al Atlántico. Ustedes son el único pueblo peninsular que ha logrado ser verdaderamente europeo, aunque no tengan estado propio; nosotros tenemos estado propio, pero cojeamos mucho en lo de ser europeos de verdad. He aprendido tantas cosas con Catalunya y su cultura, desde Llull a Pla, desde Montserrat a Gaudí. Supongo que hay catalanes que sienten que algo podrán aprender de Portugal.
En su libro insta a cambiar parámetros y puntos de vista, especialmente en lo que se refiere a la historia…
Hoy en día estamos perdiendo vertiginosamente conciencia histórica. Hay muchos alumnos universitarios portugueses que no saben en qué siglo apareció su país. En la actualidad, todo es presente. Televisión e Internet se centran en la actualidad. Y el pasado se transforma en una amnesia. Pero un presente sin pasado es un acantilado que nos precipita en la nada. Y esto es lo que está pasando: demasiado presente sin pasado, igual a ausencia de futuro. Tenemos, pues, que volver a recordar, si queremos tener horizontes. Por otra parte, la narrativa de la historia mundial del último siglo es como una mala novela, en la que uno encuentra incoherencias por todas partes. Hay que volver a analizar sobre todo estas últimas décadas, porque vivimos en una sociedad enferma y debemos tener el valor de diagnosticar nuestros achaques. Cuando cayó el muro de Berlín, Occidente se puso una venda en la cara. Estamos ciegos y hay que volver a abrir los ojos.
Escribió no hace mucho sobre el profesor Perfecto Cuadrado y dedica el libro a Enric Juliana. ¿Son ambos claros ejemplos de lo que usted denomina peninsularidad?
Sin duda. Perfecto Cuadrado es un gran intelectual y una novela viva, que se cuenta a sí misma. Enric Juliana es un enorme escritor, capaz de transformar un análisis político en ese poema que late en lo más hondo de la crónica periodística. Sin Enric Juliana, el libro Los secretos de Portugal no habría existido. Se debe a él esta pequeña obra. En ambos casos, tienen una visión muy abierta de la realidad peninsular y europea. Son por ello peninsulares en el sentido poroso que intento dar a esta palabra.
Cada vez que Saramago hablaba de iberismo se producía un notable revuelo en la prensa portuguesa ¿Es una idea descabellada un estado federal con capital en Lisboa y salida al mundo a través del Atlántico, una salida que los portugueses ensayaron con muy buen éxito hace cinco siglos y medio?
Hay en Portugal quien tenga ese sueño, gente brillante como por ejemplo mi amigo António Cândido Franco. Respeto estas visiones. En el fondo, cada uno elige sus espejismos, y los míos son europeos más que atlánticos. En realidad, no creo mucho en esa posibilidad atlántica. Es como si pretendiéramos que Madrid se elevara en los aires y se evaporara. Difícil imaginar que ello sea posible. Ese proyecto era viable a finales del siglo XV, cuando nuestro rey João II casó a su hijo único con la hija mayor de los Reyes Católicos. Pero el príncipe murió en un accidente ecuestre, la historia peninsular sufrió un gran revolcón y la ciudad de Madrid empezó a ser inventada. Una hermosa ciudad, sin duda alguna. Pero una ciudad que no se puede poner en la mitad del Atlántico, por muy buena que sea la balsa de piedra que nos agenciemos. Sobre Saramago, se hizo un documental, sobre él y sobre Pilar del Río, que se iba a titular “Unión Ibérica”. Después su autor, Miguel Gonçalves Mendes, decidió titularlo, muy sensatamente, “José y Pilar”. El director se lo comentó al escritor. Saramago estuvo de acuerdo y le dijo: “no quiero que una película sobre mí quede connotada únicamente con una idea que yo tuve”
Su libro desprende un amor inmenso por Portugal, con páginas maravillosas (por ejemplo la incorruptibilidad de Pessoa). ¿Cree usted que en Portugal hay gente que cree en las posibilidades del país y en las que usted apunta en su libro?
Es verdad que hay muchísima gente desanimada, desorientada. Tiene usted razón. El ambiente es tristísimo. No obstante, existe un núcleo duro que sigue creyendo en las posibilidades de Portugal. Estamos viviendo uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. No obstante, yo tengo fe en mi país y en Europa. Es una fe que duele, que duele todos los días, pero que no se apaga. A veces pienso, creo que ya lo he escrito en alguna parte, que los catalanes son demasiado inteligentes para ser independientes. Porque la independencia tiene una enorme dimensión de dolor, en el caso de las naciones pequeñas: algo que hay que asumir cantando canciones desgarradoras como el fado.
Carga profundamente contra la pérdida de espiritualidad y contra algunas de las perversiones de internet como Facebook. ¿Qué es más peligroso, una o la otra, o son parte de un mismo conjunto de pérdidas de valores?
Internet y televisión, en conjunto, han permitido que el mundo planetario del dinero controle la mentalidad de la gente. Las personas se forman en esos ámbitos, la escuela pierde poder y, en consecuencia, los estados también. Es curioso que haya tantas reglas, y tan estrictas, para controlar los alimentos, y que no existan casi normas para la televisión e internet. Internet no es la libertad: es el océano del conocimiento reducido a espuma. Sobre todo es muy peligrosa para quien crece y se forma dentro de ella desde niño. Todo indica que hay capacidades que no se desarrollan. Ya sabemos que un niño que se alimente en restaurantes de comida rápida tendrá graves problemas de salud. Pero no admitimos que un ser humano que se alimente de televisión y de Internet, sin lectura, sin cultura de fondo, también tendrá graves problemas intelectuales. Porque Internet y televisión son básicamente hamburguesas de mala calidad para el espíritu. Claro que todo esto es distinto para quien se haya formado en el sistema clásico y después entrado en Internet, disfrutando de sus ventajas. Estoy convencido de que, en los próximos años, surgirán estudios serios que comprobarán aquello que los profesores ya sabemos empíricamente: la televisión e internet están haciendo daño a los más jóvenes.
Creo que este libro debería ser de lectura obligatoria para todos los portugueses. ¿Va a haber versión portuguesa? Y sobre todo, ¿va el público español y catalán poder leer sus otras obras? ¿Hay planes de traducción al español o al catalán?
Le agradezco la generosidad de sus palabras. En realidad, lo he escrito para el público español. Ignoro si en Portugal funcionaría. Por ahora no hay ningún proyecto de traducción. He escrito tres novelas en portugués. Não Tenhas Medo do Escuro, Planície de Espelhos y Madrugada na Tua Alma. Hay un amigo que quiere traducir la última. Me encantaría que se tradujeran.

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