dissabte, 12 de gener de 2013

I LA PRIMERA DE LA TEMPORADA


Secretos que merecen ser descubiertos

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Hay libros que deberían ser de lectura obligatoria (a pesar del oxímoron). O como mínimo lecturas muy recomendadas. Con Los secretos de Portugal, de Gabriel Magalhães, pasa exactamente esto. El libro del profesor Magalhães–tal vez él mismo sea un gran secreto porque se encuentra oculto en Covilhã, donde enseña en la universidad de Beira Interior- va mucho más allá de ser un ensayo sobre Portugal y la Portugalidad. No quiere decir eso que no lo sea, pero va mucho más allá: es un gran ensayo sobre Europa escrito desde el sur de Europa. O como el mismo afirmaría, desde la puerta a las inmensas posibilidades del sur de Europa.
Magalhães, a quien los lusitanistas hemos podido ir siguiendo a través de sus artículos en La Vanguardia –sin duda se nota aquí la influencia siempre sabia de ese maestro de periodistas que es Enric Juliana, a quien se le dedica el libro- consigue en las menos de doscientas páginas del libro hacer pensar a sus lectores. Eso es lo que deberían hacer todos los libros, y especialmente los ensayos, pero ya sabemos que la buenas prácticas a menudo se han perdido en este mundo tan fascinante de la letra impresa.
Con Magalhães se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero siempre se está en diálogo. En diálogo con los archivos textuales y con los archivos vividos del lector. Después de más de tres años y medio viviendo en Portugal no puedo más que darle la razón en muchos aspectos que apunta sobre los portugueses y su manera de ser, pero sobretodo este libro nos afecta a todos como europeos. No sé por qué, pero tengo la sensación que igual pasará desapercibido, y si eso pasase estaríamos ante otro más de los enormes patinazos intelectuales que cometemos a menudo. Intentemos evitarlo porque este es un libro importante.
Las razones de esta consideración como un texto importante son las siguientes: en primer lugar las reflexiones sobre la historia. Explica el profesor que prestamos mucha más atención a los horrores que no a los aciertos de la historia. Que nos hemos dejado seducir por las figuras del mal y que sabemos mucho más de Hitler o Stalin que no de los constructores del estado del bienestar (tal vez a la generación de niños actual esto llegue a sonarles a chino) o de Konrad Adenauer, el constructor de la Alemania moderna. Y tiene razón. Los historiadores deberíamos reflexionar sobre ello. Y por eso es importante este libro, porque desborda humanismo y es un filólogo quien viene a abrirnos nuevos y lúcidos caminos.
En segundo lugar es un libro importante por el extraordinario amor que rezuma por Portugal. Los apasionados por este país –y créanme, somos pocos pero cada vez más- descubrirán o confirmarán muchas cosas, pero también se apasionarán de nuevo por la tierra de Pessoa (maravillosa la escena del secretismo con el que se abrió su sepulcro y se descubrió el cuerpo incorrupto del poeta de múltiples rostros), pero se encontrarán con un texto que intenta buscar la verdad, o una cierta verdad, y eso incluye los defectos de los portugueses como pueblo. La desmembración del mito del sebastianismo, por ejemplo. Y la tercera razón por la que este es un libro importante es porque está endiabladamente bien escrito. Los contenidos sin forma son menos contenidos. La forma sin contenidos es papel mojado en estos tiempos de flaqueza intelectual. Magalhães aporta un contenido denso como un caldo de Navidad pero que se presenta ligero como la mejor de las cremas sutiles gracias a una maravillosa voluntad de estilo capaz de crear imágenes como ésta destinada a Pessoa: “Ese discreto señor que vivió gran parte de su vida escondido en habitaciones alquiladas, caminando por Lisboa con la cautela de un agente secreto de los misterios del alma, se ha transformado en el mayor embajador de Portugal. Somos, pues, un país de poetas”.
Efectivamente, Portugal es un país de poetas que se expresa en los muros de cualquier calle, pero tal vez es un país al que se le está acabando la paciencia, como demuestran las últimas manifestaciones y las cargas policiales con las que fueron respondidas.
Magalhães también intenta la cuadratura del círculo con la unión de espiritualidad e izquierda y un nuevo humanismo. Tal vez sea la parte del libro en la que estoy más en desacuerdo, igual que en su demoledora visión de Internet. Estar en desacuerdo no quiere decir que no se comprendan bien sus razones, y que incluso se puedan aceptar en parte. Ciertamente, estamos en unos tiempos en los que el egoísmo y el individualismo son una de las pesadas losas para el desarrollo de un mundo futuro en el que muy pocos piensan, absorbidos por la titánica tarea de mantener su casa o pagar el alquiler. Pero tampoco creo que la panacea sea la religiosidad y la cara del mal Internet. Una y otra, bien usadas, nos pueden ayudar a vivir mejor, pero también a vivir mucho peor. Por eso, bienvenidos sean los escritores que hacen pensar a sus lectores. Del diálogo salen puentes y de los puentes caminos hacia el futuro.

Sebastià Bennasar

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Los secretos de Portugal: Peninsularidad e iberismo / Gabriel Magalhães / RBA Libros / 186 páginas / 1ª edición, octubre de 2012 / ISBN 9788490063934

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