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dissabte, 30 de març del 2013


Nunca tan pocos (y tan raros) engañaron tanto a Hitler

Ben Macintyre rastrea la increíble historia de los superespías que desorientaron a los nazis el Día D

Imagen del desembarco de Normandia en dia 6 de Junio de 1944. / ROBERT F. SARGENT. (ARCHIVOS NACIONALES DE CANADA)
No eran soldados, sino un abigarrado grupo de personas extravagantes y exasperantes, en su mayoría de moralidad escasa y de lealtad dudosa, y costaban mucho dinero. Pero se jugaron la piel y contribuyeron decisivamente a ganar la guerra. La alambicada historia de los agentes dobles empleados por el servicio secreto británico para engañar a los alemanes en la II Guerra Mundial y distraer su atención de las playas de Normandía ha sido contada muchas veces, pero nunca hasta ahora de manera tan completa y apasionante (y con tanto sentido del humor) como lo hace en su nuevo libro el notable especialista en el espionaje en esa contienda Ben Macintyre.
Considerado por su popularidad como el Antony Beevor de la II Guerra Mundial librada en las sombras, el autor de otros títulos de referencia sobre el tema como El agente Zigzagy El hombre que nunca existió publica ahora en España, también en Crítica,La historia secreta del Día D,subtitulado La verdad sobre los superespías que engañaron a Hitler. El libro está dedicado especialmente a los cinco espías que formaron el núcleo de la Doble Cruz, un alambicado sistema de agentes dobles creado para confundir a los alemanes y que fueron los que consiguieron que los nazis creyeran a pies juntillas que la verdadera invasión de Europa se realizaría en Calais y no en Normandía.
Esa singular “arma secreta” de agentes que trabajaban para unos (los británicos) haciendo creer a los otros (los nazis) que lo hacían para ellos eran, describe Macintyre, Elvira Chaudoir (peruana bisexual, jugadora e inestable), Roman Czerniawski (ex piloto de caza polaco, fervorosamente patriota e inconsciente), Lily Sergeyev (francesa voluble), Dusko Popov (serbio seductor) y Juan Pujol (catalán excriador de pollos). ¿Fueron realmente tan decisivos? “No hay duda de que marcaron la diferencia. Es difícil calcular cuántas vidas aliadas salvaron, pero fueron muchas”, explica en Madrid Macintyre, un hombre tan inteligente y simpático como sus libros. “Eisenhower, Montgomery, los propios mandos alemanes, todos admitieron la relevancia de esos agentes en el éxito de la invasión del Día D”.
Le pregunto cuál es su personaje favorito de los cinco agentes dobles. Sonríe encantado. “Diré dos: Chaudoir, alias Bronx, es la más intrigante y fascinante, playgirl, bisexual, se mete en el espionaje por accidente y luego casi traiciona los planes por la muerte de su perrito. El otro, por supuesto, es Pujol, alias Garbo, por su bravado y por su uso de la inteligencia y de la palabra como armas, es un loco genial que decide por sí solo aplastar a los alemanes con el engaño”. Las técnicas de espionaje de la II Guerra Mundial, con sus palomas (Macintyre dedica un capítulo inolvidable a su uso), radiotransmisiones, túneles y tintas invisibles, “nos pueden parecer ahora algo amateurs y hasta inocentes”, continúa el autor. “Pero los británicos, Churchill el primero, se tomaban el asunto muy en serio. Estaban muy interesados en la contrainteligencia y el uso de gente con mentalidades retorcidas como sacacorchos que pudieran mirar al otro lado de la esquina”.
Los servicios secretos ingleses, señala Macintyre, se dieron cuenta de que la inteligencia alemana era muy vulnerable al contraespionaje. “Los alemanes eran muy literales, pensaban en línea recta y era fácil engañarles, tendían a aceptar datos de sus agentes sin cuestionarlos”. Había, continúa, otras razones por las que era fácil que los alemanes creyeran las mentiras. “Había una enorme corrupción en el seno de muchas de las secciones de la Abwehr, el servicio secreto militar alemán. Por otro lado, parte de la Abwehr trabajaba también contraHitler”. Macintyre considera que los británicos contaban con otras ventajas para el contraespionaje: el sentido del humor y la capacidad de asimilar a gente extravagante en sus filas. “Definitivamente, algo muy peculiar de la inteligencia británica es su virtuosismo para reclutar y aprovechar a gente sin aparente valor y hasta muy rara. Eso tiene que ver con el gusto británico por la teatralidad y lo melodramático. Además, nos encanta la mentira. Es muy británico vivir vidas dobles”.
Ben Macintyre, escritor
El escritor recuerda que muchos de los personajes del servicio secreto británico eran novelistas frustrados y grandes espías fueron novelistas: Graham Greene, Somerset Maugham, Ian Fleming… “En Madrid en 1941 los agentes británicos eran dos novelistas con obra publicada, tres no publicados y un poeta”.
El investigador está de acuerdo en que las grandes batallas —Stalingrado, El Alamein, Kursk, Midway— han dejado en segundo plano la historia del espionaje en la II Guerra Mundial. “Pero hay una nueva corriente de estudios que está sacando a la luz mucha nueva información de esa guerra secreta librada lejos de los tanques y los cañones. Sin menospreciar a los hombres del frente, la batalla del espionaje es apasionante y está llena de difíciles decisiones morales, es muy humana en ese sentido”.
Macintyre se muestra muy comprensivo con la inmoralidad de esa guerra. “A mí me enseñaron que Gran Bretaña ganó la guerra porque éramos nobles y buenos. Actualmente sé que ganamos en buena medida porque éramos malos y mentíamos”.
¿Llevamos todos un espía dentro? “Todos somos dobles agentes, unos más que otros. Todos tenemos una sombra, y amamos la idea de estar en medio de la gente escondiendo un secreto. Por eso nos gustan las historias de espías”.
El libro subraya la belleza del engaño. “Adoro el ensamblaje de una mentira complicada como la que se tejió para desviar la atención de Hitler de Normandía, hay una estética indudable en una buena mentira”.
En las historias de los cinco superespías, como en general en ese mundo, el espionaje va de la mano con las relaciones amorosas. “Son experiencias muy similares. Un doble agente en el fondo es como un amante infiel, traiciona a su controlador con otro secreto, es igual que un amor adúltero. La traición, la lealtad, la honestidad, la conveniencia, son temas que se pueden aplicar a los dos mundos, el amor y el espionaje”.

divendres, 22 de febrer del 2013

LLUÍS LLORT ENS PARLA D'AGENTS SECRETS


ESPIES. LLIBRES
LLUÍS LLORT
Agents secrets, escriptors famosos
22/02/13 02:00 -
 


Segons el DIEC2, espionatge és “l'activitat secreta adreçada a obtenir informació sobre l'organització, l'armament i la indústria bèl·lica i, en general, sobre tot el que fa referència a la capacitat defensiva o ofensiva d'un estat”. Podríem dir que, per la franja baixa, determinades activitats i mètodes no són espionatge en sentit acadèmic, però sí que compleixen funcions similars fent ús de mètodes similars, com és el cas recent d'una agència de detectius de Barcelona que ha estat investigant determinats polítics catalans. La troca s'embolica més si hi afegim l'arribada a la seu de la Diagonal de més efectius del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), els espies oficials de l'Estat espanyol.
Partint de la realitat i fins i tot de l'actualitat, dediquem una breu mirada a la molta literatura que ha generat aquest complex i mitificat món de l'espionatge internacional. Una literatura, nascuda en alguns casos de les experiències d'exagents, que al seu torn ha donat peu a obres de ficció –o basades en fets reals– de cinema, de còmic i de televisió, com analitzem en les pròximes pàgines.
L'origen de la novel·la d'espionatge, normalment amb una trama d'estructura complexa, es remunta al segle XIX amb l'aparició dels serveis d'intel·ligència en alguns estats. James Fennimore Cooper va publicar L'espia el 1821; la Baronessa Orczy va publicar La pimpinela escarlata el 1905, en què un aristòcrata britànic actua durant la Revolució francesa; Joseph Conrad va donar una visió més seriosa i controvertida de l'espionatge el 1907 amb l'obra L'agent secret.
A partir d'aquests inicis, cada conflicte a gran escala, com ara les dues guerres mundials, la Guerra Freda i el Mur de Berlín o els atemptats a les Torres Bessones l'11 de setembre del 2001, entre molts altres exemples de menor grau i menys repercussió, han generat molta literatura fresca d'espionatge.
El mercat d'aquestes obres dibuixa les pujades i baixades d'interès lector a què l'obliga la història política i bèl·lica real. A més de les zones geogràfiques on actuar i els enemics a combatre (que depenen de la nacionalitat de l'autor, i com que els més famosos són anglosaxons els dolents habituals han estat nazis, russos, àrabs...), hi ha apartats que s'actualitzen constantment, com la tecnologia, amb ginys cada cop més sofisticats afegits a l'evolució dels domèstics (fa 100 anys s'interceptaven cartes de paper i ara, correus electrònics). Si bé la base humana, l'espia, sempre és la mateixa i segur que és molt similar un agent actual que un de fa 150 anys, pel que fa al tarannà, als riscos assumits i a la disciplina.
Els tres britànics experimentats
Hi ha una tríada inqüestionable pel que fa als autors més populars de novel·les d'espies, la formada pels britànics Graham Greene (1904-1991), Ian Fleming (1908-1964) i John Le Carré (1931). Tots tres van servir en secret Sa Majestat abans de servir la cultura amb obres com ara, en el cas de Fleming, la sèrie protagonitzada per James Bond: Casino Royale, Octopussy, Goldfinger, Només es viu dos cops... Le Carré va publicar obres protagonitzades per l'agent Smiley i altres en què no surt o és secundari: L'espia que va sortir del fred, La Casa Rússia, El jardiner fidel i El sastre de Panamà. Finalment, hi ha títols també fundacionals del gènere, com El tercer home, El cònsol honorari i El nostre home a l'Havana, entre d'altres, de Greene.
Posar-se d'acord en una llista de títols (del que sigui, de fet) és més difícil que entendre algunes trames d'espionatge sense ajuda (ningú ha dit que ser espia sigui fàcil, per alguna cosa els denominen serveis d'intel·ligència, i així cal mostrar-ho, amb agents dobles, girs inesperats i opcions morals sovint poc netes), però farem un intent amb una tria força reincident a la xarxa. Comencem pels tres magnífics: El talp (John Le Carré), Viu i deixa morir (Ian Fleming) i L'americà impassible (Graham Greene). Seguim amb tres autors coetanis i també força coneguts: El dia del Chacal (del britànic Frederick Forsyth, 1938, també autor d'Odessa, El quart protocol i Els gossos de la guerra), La sanció d'Eiger (Trevanian, pseudònim del nord-americà Robert W. Whitaker, 1931-2005) i El cas Bourne (del nord-americà Robert Ludlum, 1927-2001, i autor d'altres obres protagonitzades per Jason Bourne). I tanquem amb dos autors una mica més joves: L'illa de les tempestes (del gal·lès Ken Follett, 1949, autor prolífic amb altres èxits recents) i La caça d'Octubre Roig (del nord-americà Tom Clancy, 1947, creador d'un altre agent popular, Jack Ryan).
Gràcies a ells es produeix la gran paradoxa: voler ser agent secret per esdevenir famós.
Sigles
El gènere d'espies, tant pel que fa a la franja literària com pel que fa a cinema, còmic i televisió, ha familiaritzat el públic amb sigles i noms com ara CIA, KGB, MI6, Mosad, Stasi... En el cas espanyol, la veritat és que
és més coneguda la TIA, de Mortadel·lo i Filemó, que el CNI, potser perquè es diu així des del 2002; quan era el CESID tampoc tenia gaire glamur, és cert.