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divendres, 29 de març del 2013

UNA APROXIMACIÓ A LA NOVEL·LÍSTICA D'AGUSTÍ VEHÍ


S'acaben de publicar les actes del darrer congrés de novel·la negra de Salamanca, Historia, Memória y Sociedad en el género negro. A dins hi ha el meu article sobre la novel·lística de l'Agustí Vehí. Ara que estam immersos preparant la ponència d'enguany (serà sobre novel·la negra i transició), us deixo aquest article com a homenatge a aquest home bo.

LA NOVELA NEGRA COMO FUENTE PARA LA HISTORIA, EL CASO AGUSTÍ VEHÍ
Sebastià BENNASSAR LLOBERA
(Universitat Pompeu Fabra)


1.LA NOVELA NEGRA COMO FUENTE PARA LA HISTORIA

El 21 de octubre de 1967 hacía más calor de lo habitual para la época en Washington. Más de cien mil personas se manifestaron en la capital de los Estados Unidos para pedir  el fin de la Guerra de Vietnam. Entre esos manifestantes se encontraba el escritor Norman Mailer, invitado por la organización junto con otros intelectuales con un objetivo muy claro: tenían que hacerse detener para que sus detenciones diesen visibilidad al movimiento. Mailer ganó el premio Pulitzer de novela con Los ejércitos de la noche. El libro llevaba un subtítulo muy indicador: “La historia como novela, la novela como historia” y se publicó en 1968. Desde la portada Norman Mailer ya planteaba las complejas relaciones entre realidad y ficción y las nuevas formas de hacer historia.[1]
            La novela, tanto como las otras formas de arte, refleja muy a menudo los cambios que se producen en una determinada época,[2] porque como género literario también ella es fruto y testigo de los cambios del tiempo. Y si dentro del género novelístico hay una corriente que se caracteriza por querer ser la gran novela social de su tiempo y reflejar la época que retrata, ésta es la novela negra. Por tanto constituye un material especialmente indicado como fuente a tener en cuenta para buscar otros enfoques i perspectivas que salgan de las historias al uso. Es decir, a través de la novela negra podemos reconstruir algunos de los períodos históricos más interesantes (especialmente desde una perspectiva social) y a la vez nos podemos adentrar en la historia de la producción cultural que permite el surgimiento y la escritura de estas obras.
Como explica Farreras (1988:58)
Hoy en día, incluso en los medios más reaccionarios universitarios se admite la necesidad de estudiar “socialmente” la literatura. Se admite, aunque no sea de buen grado, que la “historia”, que las “circunstancias”, tienen que ser tenidas en cuenta porque al fin y al cabo la obra es histórica, tiene un tiempo y un espacio; lo que ya no se admite tan fácilmente es que la obra literaria no sólo es histórica sino también social, que no sólo tiene un espacio y un tiempo, que se pueden delimitar y estudiar, sino que es un producto social, por la sociedad producido.

Es a partir de esta creencia que adoptamos la novela negra como una de las fuentes posibles para la historia.  La estrecha relación que tienen la literatura y otras disciplinas sociales muestran que esta es una relación similar a la que tienen la historia y otras ciencias sociales. De hecho, a lo largo del siglo XX la influencia del resto de ciencias sociales ha sido una constante en el desarrollo de la historia, empezando por la filosofía y acabando por la lingüística, sin dejar de lado de forma muy especial sus relaciones con la politología, la geografía, el periodismo, la antropología y la sociología. El diálogo interdisciplinar es lo que proponemos, en este caso con la literatura en general y con la novela negra en particular, como fruto y testimonio de su tiempo y como herramienta especialmente válida en la historia contemporánea. Según Colmenares (1997: 78-79)
Las fuentes adquieren una significación sólo respecto a una teoría y no constituyen piezas reveladoras por si mismas o eslabones en un encadenamiento narrativo. Eso ha comportado dos consecuencias: una, la ampliación del rango de fuentes aprovechables; la otra, la alteración de la escritura de la historia, que en lugar de una coherencia narrativa exige ahora una coherencia analítica.
           
            Tal vez el ejemplo absolutamente coetáneo de lo que apunta Colmenares sea la muy interesante introducción al libro Contra Companys, 1936, editado por el catedrático emérito de la Pompeu Fabra Enric Ucelay-Da Cal y por el profesor de la Universitat Autónoma de Barcelona, Arnau González Vilalta. Su texto “Misterios catalanes: la animadversión nacionalista ante Companys y su evolución en el tiempo” es un juego muy interesante con la tradición de la novela negra (en realidad con la policíaca) y de sus esquemas para intentar clarificar por qué hubo un complot (abortado) de los nacionalistas radicales de Estat Català i Nosaltres Sols y hasta qué punto el robo de lingotes de oro y platino, la presencia de una rubia explosiva que acabó siendo la mujer del presidente de la Generalitat y que antes había pasado por los brazos (y otras partes anatómicas) de buena parte del nacionalismo radical, empezando por el malogrado Miquel Badia, y la de un vagón de armas en Francia para contrarestar el poder de la CNT-FAI, elementos propios todos ellos de una novela negra o de espionaje, se han convertido en una fuente clave para explicar uno de los episodios más oscuros de la Guerra Civil en Cataluña.
El reconocimiento de la novela negra como fuente para la historia ha llegado también de manos de otro de los historiadores importantes cuando Joseph Fontana asegura sobre Leonardo Sciasia que: “es capaz de elevar el relato de un crimen a página de historia” (Fontana, 1992:20). O como dirá Vázquez Montalbán (1989: 57):
La novela negra americana, basada en hechos criminales, se ha injertado en la cultura literaria en general, creando posibilidades de discurso realista, de crónica, de novelas de conocimiento de lo real, de lo histórico, y por tanto se autolegitima literariamente.

Además, si aceptamos el periodismo como una de las fuentes válidas para el historiador a pesar de su contaminación y si usamos los materiales literarios de no ficción también sin problemas –y recordemos que por ejemplo Winston Churchill ganó el premio Nobel de Literatura por sus memorias-, tendremos que concluir que las novelas negras pueden ser también una buena fuente para el estudio de la historia. El recurso a fuentes históricas y literarias como recurso ha sido explotado con éxito por Philippe Ariès o por Simon Schama o por la propuesta clásica de Johan Huizinga.[3] Se trata de unas técnicas que adoptaron un punto más avanzado con la influencia del llamado giro narrativo en la historia, una narrativa que accede al rigor de la exposición histórica a través del desarrollo de una estructura coherente del relato y que se ha saldado con algunos trabajos como los de Ginzburg o Natalie Davies, que lo que querían era estudiar una época a través de un personaje singular, como pasa muy a menudo con la novela negra, cuando a través de los ojos del protagonista podemos captar la época, los escenarios y las relaciones sociales en las que se tiene que mover.  Si observamos el momento en que se adopta este giro narrativo –desde mediados de los 70- y posteriormente el giro cultural, comprobaremos que lo que se hacía era aplicar a la historia los nuevos modelos que habían entrado en la novela unos años antes desde que Truman Capote con A Sangre fría (definida como novela de no ficción o novela documento) en 1966, Norman Mailer con Los ejércitos de la noche (1968), o las obras de Tom Wolfe, Hunter S. Thompson y el precedente de Rodolfo Walsh en Argentina inaugurasen lo que posteriormente se ha conocido como nuevo periodismo y que ha generado numerosos debates alrededor del proceso de realidad y ficción, bien presente en la novela negra contemporánea.

2-EL GIRO HISTÓRICO EN LA NOVELA NEGRA CATALANA

La novela negra catalana, con una tradición de casi sesenta años y un corpus de producción superior a las 400 obras, ha experimentado una corriente interna en los últimos diez años: la de las novelas negras ambientadas en épocas pasadas de la historia contemporánea. Estas obras, además, han obtenido un notable éxito de crítica y público como testimonian La mala mujer, de Marc Pastor (centrada en 1912 alrededor de la figura de Enriqueta Martí, la llamada vampiro del carrer Ponent); Forasters, de Rafa Vallbona (ambientada en los años del pistolerismo en Barcelona); Emulsió de ferro, de Sebastià Jovanni (tal vez la mejor crónica sobre la transición casi sin abandonar el barcelonés barrio de Gràcia) o la monumental Cabaret Pompeya, de Andreu Martín, posiblemente su obra más ambiciosa y compleja, un gran recorrido por el siglo XX catalán.[4]
            El interés de estos autores por la historia no es flor de un día: en los últimos diez años en Cataluña ha habido un rebrote muy importante del interés por el pasado desde ámbitos generalistas, como demuestra el éxito de la revista Sápiens o de la colección H de Ara Llibres. Esto se une a uno de los nuevos giros narrativos en la historia: el de la historia cultural que Aurell (2009: 183) define muy bien:
La nueva historia cultural rechaza el reduccionsimo del historicismo clásico y de la historia económica, abandona el sueño de la objetividad, reconoce el papel fundamental de la imaginación en la reconstrucción histórica y, dejando de lado anticuadas aspiraciones ingenuamente totalizadoras opta por la vida intermedia de la ciencia social interpretativa, tal como han diagnosticado y postulado Clifford Geertz i Charles Taylor. La comprensión prima sobre la explicación, la narración sobre la estructura y la hermenéutica sobre el análisis causal en el acceso al conocimiento del pasado. A pesar de todo, la nueva historia cultural también parece que tiene aspiraciones a la historia total, como no podría ser de otra manera en una corriente que pretende ser hegemónica. El enfoque cultural proporciona al historiador una multiplicidad de puntos de vista que aumentan su credibilidad. Aunque en esta misma potencialidad puede haber su debilidad.

            Así pues, esta búsqueda de la narratividad, vuelve a entroncar de lleno con buena parte del trabajo del novelista de novela negra, especialmente en los que la combinan con la historia. Además, esta tendencia a combinar el género negro y el histórico ha correspondido con un incremento importante del interés por nuestra memoria histórica en los últimos años, impregnando no sólo la vida universitaria sino también la política e incluso la judicial. La lectura de estas novelas negras en catalán –por cierto, convendría recordar la necesidad de su traducción al castellano y las ayudas existentes para ello, que demasiado a menudo no aprovechan las editoriales españolas como si se intentase perpetuar la ley del silencio contra la pluralidad cultural de España promovida sistemáticamente por un centralismo que actúa por sistema en contra del artículo 3 de la constitución española- permite pasear prácticamente por todo el siglo XX en la tierras de habla catalana y por tanto por hechos indisolubles de la historia contemporánea española en tanto que los hechos acontecidos en Cataluña, la Franja d’Aragó, el País Valencià y las Illes Balears han sido fundamentales también en la historia reciente española y han tenido a menudo su reflejo en las decisiones tomadas en Madrid en relación a los mismos: desde la Semana Trágica de 1909 hasta el presente más inmediato de los desastres urbanísticos en la Valencia de Ferran Torrent o la implicación del nazismo en el caso de Ombres en la nit  sin olvidar la balearización y el estigma del turismo en Mallorca; desde las colectivizaciones agrarias en el Aragón catalana-hablante durante la Guerra Civil; el traslado de los Gobiernos republicanos primero a Valencia y luego a Barcelona; el pistolerismo anarquista y el patronal; el desarrollismo de los sesenta; la represión franquista o la batalla de Valencia en la durísima transición española además del surgimiento de personajes tan siniestros como el banquero Joan March en Mallorca; por poner sólo unos ejemplos que han tenido repercusión directa e inmediata en la historia hispana.
Eso quiere decir que entre el corpus de las novelas policíacas de pre-guerra i las negras desde Tasis en adelante y sobretodo gracias a estas obras que buscan la recreación històrica, tenemos una fuente de primer orden para la historia de Catalunya, el País Valencià, Balears y Catalunya Nord. Pero ¿es esta una característica de las novelas escritas en catalán? Por supuesto que no. La novela negra catalana hay que inscribirla por fuerza en la novela mediterránea, donde el gusto por la historia es una característica constante. Es decir, la novela negra en catalán sólo hace lo mismo que las literaturas de género de los países que nos rodean tocados por el Mediterráneo y en las que necesariamente se inscriben las novelas negras escritas en castellano: intentar explicarnos.

3-EL CASO AGUSTÍ VEHÍ

¿Cuál es el papel que ocupa el escritor Agustí Vehí y sus cuatro novelas negras (hasta el momento) en este conjunto de propuestas? Agustí Vehí (Figueres, 1958) se ha convertido a mi entender en el escritor de novela negra más interesante del último lustro gracias a una propuesta en la que la historia ocupa un papel fundamental en su obra. Este policía local, doctor en historia medieval y profesor de historia de la seguridad pública en la academia de los Mossos de Esquadra se dio a conocer el 2009 con Abans del silenci, cuando ganó el premio Ferran Canyameres.
La novela, publicada por Pagès Editors, nos describe la persecución implacable de un policía de la república que investiga los asesinatos de muchachas que se prostituyen a cambio de comida mientras se produce la retirada del ejército republicano hacia la frontera francesa. Figueres, una de las últimas ciudades en caer –y durísimamente bombardeada en 1939 por las tropas franquistas- es el escenario final de esta novela que previamente nos ha situado en la Barcelona casi vencida y en una Girona que tardará mucho tiempo en convertirse en la ciudad que es hoy en día. Vehí construye un personaje que se mantiene fiel a la República hasta el último momento, Joaquim Santgenís, en el que se encarna la resignación a la honestidad y al cumplimiento de la obligación debida. Es en este contexto en el que Vehí plantea el debate entre fidelidad, subsistencia y honor, además del rigor histórico que todo libro como éste debe mantener.
            En su segunda novela, Ginesta pels morts, a mi entender la mejor de las de su producción hasta el momento, la historia aparece en un doble plano: como presencia histórica constante –los búnquers del Empordà levantados por un franquismo obsesionado por la invasión foránea en la segunda Guerra Mundial, hecho que finalmente se produjo con la invasión de la Vall de Arán por parte de los maquis en el 1944 y esa pequeña guerra que se mantuvo en el interior de España por los hombres que se echaron al monte en zonas de Extremadura, León, Pirineos, Catalunya, Andalucía, Galicia y Teruel principalmente y que se refleja por ejemplo en la poesía de Gabriel Ferrater- y como historia coetánea, cuando narra el cambio que supone la introducción y despliegue de la policía autonómica en Cataluña y los cambios que comportó en el territorio, además de una cierta historia europea presente en cada una de las vidas de las víctimas de la novela.
Si digo que hasta ahora es la mejor novela de la producción de Vehí quizá haya que matizarlo: es la que más me ha interesado, y ello se debe al segundo gran acierto del libro: la construcción de la empordaneïtat. Vehí es un hombre del Empordá y convierte su novela en un tratado de arraigo al pedazo de tierra más literario y universal, precisamente por local, de Cataluña (después de Barcelona) uniéndose así a una pléyade de escritores entre los que encontramos ni más ni menos que nombres como los de Salvador Dalí, Carles Fages de Climent, Abdó Terrades, Puig i Ferrater, Josep Pla o Vicenç Pagès Jordà, entre muchos otros, que desde el siglo XIX y hasta el presente coetáno han escrito de uno de los territorios más singulares de Cataluña. El hecho que Agustí Vehí sitúe sus novelas en el Empordà también será clave para su uso como fuente para la historia, como mínimo para la historia cultural de la Cataluña coetánea puesto que nos demuestra hasta qué punto la vida fuera de las grandes ciudades está tomando importancia y cómo eso se refleja en la novela negra, un hecho que había pasado muy pocas veces hasta hace una década y que se corresponde a un periodo de abandono de la ciudad por parte de muchos ciudadanos pero también a una extensión y generalización de la violencia en todo el territorio que hace que ya no sea inverosímil la investigación de asesinatos fuera de la gran ciudad. En este sentido, Vehí no hace nada más que circunscribirse de lleno en una novela negra europea donde de cada vez más el escenario rural se convierte en un espacio primordial para el desarrollo de las tramas.
            Su tercer trabajo es Quan la nit mata el día, ambientada en Figueres en 1958, con la investigación del asesinato del delegado de Falange como tema para desarrollar la acción de una novela que quiere ser –y lo consigue- la gran descripción de la postguerra en las ciudades medias catalanas, es decir, en la forma de organización social más importante de Catalunya (hay que pensar que el peso demográfico principal lo ostenta Barcelona, pero que la ley de Hondt ha atorgado un gran peso político a las ciudades medias y pequeñas). La acción transcurre en una Figueres que se va rehaciendo económicamente, pero mucho menos desde el resto de puntos de vista, veinte años después de la victoria franquista. Y esa Figueres podría ser perfectamente Vic, Manresa, Reus, Balaguer, Lleida, Girona, Tarragona, Berga, cualquier ciudad catalana. Esa novela es tal vez una de las mejores fuentes posibles para establecer la historia social de la postguerra.
            En cuanto a su última obra, Torn de nit, podríamos enmarcarla en el cuadro de costumbres de la policía democrática y su función histórica la debemos encontrar como producto cultural: es el segundo número de Crims.cat, la colección que toma el relevo a la mítica La cua de palla y La Negra de La Magrana. Por tanto, para los investigadores de la historia del futuro será una fuente primaria para explicar qué hizo posible que la novela negra en catalán en 2012 viese el nacimiento de una nueva colección de novela negra que no es nada más que la confirmación de la consolidación del género después de la crisis vivida entre 1996 y 2004. La eclosión de grandes autores en los últimos diez años, entre los que Agustí Vehí tiene que estar en letras de molde será una de las posibles explicaciones para los historiadores culturales que, en materia de género negro, aún tienen mucho campo para recorrer.




BIBLIOGRAFÍA

COLMENARES, Germán (1997): Ensayos sobre historiografía, T.M, Bogotá.
FARRERAS, Juan Ignacio (1988): Fundamentos de sociología de la literatura, Círculo Universidad, Barcelona.
FONTANA, Josep (1992): La història després de la fi de la història, Eumo Editorial, Vic.
VÁZQUEZ MONTALBÁN, Manuel (1989): “Sobre la inexistencia de la novela policiaca en España”, en PAREDES NÚÑEZ, La novela policiaca española, Universidad de Granada, Granada, 1989.


[1] En este sentido, el periodista, escritor y crítico literario David Castillo valora la obra de Norman Mailer de la siguiente manera: “una obra opulenta y salvaje, entre el testimonio y la ficción, con novelas sobre la realidad en el núcleo de la conciencia colectiva”, CASTILLO, David, “Circe publica l’autobiografia de Norris Church Mailer, dona de Norman Mailer, amb qui va compartir 33 anys de la seva vida”, a Avui, 10 de juliol de 2011.
[2] Un ejemplo bien claro de las uniones entre la historia y su reflejo en la producción artística es el que se aporta en BLOM, Philip, Años de vértigo, cultura y cambio en Occidente, 1900-1914, Anagrama, Barcelona, 2010.
[3] ARIÈS, Philippe, El hombre ante la muerte, Taurus, Madrid, 1987; SCHAMA, Simon, Los ojos de Rembrandt, Plaza y Janés, Barcelona, 2002;  HUIZINGA, Johan, El otoño de la edad media, Alianza, Madrid, 1978
[4] Una aproximación a las novelas negras históricas de los últimos diez años se puede encontrar en BENNASAR, Sebastià, Pot semblar un accident. La novel·la negra i la transformació dels Països Catalans 1999-2010, Meteora, Barcelona, 2011, pp 209-240. Este libro complementa la lista del corpus de novelas negras inventariado por MARTÍN ESCRIBÀ y PIQUER BERTRAN, Negra i catalana, Documenta Balear, Palma, 2006.

dijous, 28 de març del 2013


Un gran crimen real para una gran novela

9788499185873

Mariano Sánchez Soler (Alacant, 1954) es un referente ineludible no sólo para los amantes del género negro, sino para todos los que amamos el periodismo de investigación, esa rara avis que va desapareciendo a marchas forzadas de los medios de comunicación (y claro, también van desapareciendo los medios). Ahora, Sánchez Soler nos acaba de dejar un libro que, a mi entender, aúna sus dos pasiones en un solo texto: El asesinato de los marqueses de Urbina, vencedora en el premio L.H. Confidencial 2013 y publicada por Roca Editorial.
Sánchez Soler, que cada mayo hace irrumpir el género negro en la Universitat d’Alacant y que además es autor de una magnífica obra sobre la literatura negra y criminal, Anatomía del crimen, ha abordado la transición desde la no ficción en su ensayo La transición sangrienta, en el que nos muestra algunas de las principales falsedades del proceso que ha llevado a España a la democracia: su carácter pacífico.
Ahora nos mete de lleno en uno de esos crímenes sonados de la transición, el de los marqueses de Urquijo, acontecido el 1 de agosto de 1980 y que abrió la puerta a un debate importante sobre el tratamiento de las noticias por parte de los medios de comunicación, con los códigos deontológicos pasando por más de una entrepierna. Por cuestiones legales, el autor ha tenido que cambiar los nombres de los protagonistas, pero en la novela apunta hacia los autores intelectuales del crimen y al móvil: puramente económico. Sobre el asesinato de los marqueses de Urquijo se había especulado sobradamente. El proceso acabó como el rosario de la aurora, con Rafi Escobedo presuntamente suicidado en su celda y como único culpable. Y con un móvil claro, la venganza por la intromisión de su suegro en el matrimonio.
La novela de Sánchez Soler propone otra vía de investigación, la del dinero, pero sobretodo, y eso es lo más importante, es una excelente obra literaria. Los que conocen el trasfondo disfrutarán, los que no, también. Porque Sánchez Soler es un excelente escritor que domina este oficio a la perfección y que ha sabido crear un gran personaje, Fierro, el sicario, que es el alma que mueve esta novela. También ha sabido recrear magníficamente la sordidez de la España de la época, en la que los procesos judiciales y la investigación aún tenían un tufo franquista de primer orden –hay que recordar que sólo han pasado cuatro años de la muerte de Franco y que faltan pocos meses para el golpe de Estado de febrero de 1981-. Así, entre el lujo en el que se mueven estos ricos de rancio abolengo, los viajes a Londres, y los elementos más sórdidos de una historia donde sí que hay una fabulosa venganza –la de Fierro-, Mariano Sánchez Soler ha urdido una magnífica novela negra que se lee del tirón y que es un fiel retrato de una España que tal vez no ha evolucionado tanto. Basta ver que todavía no tenemos banqueros en prisión.

Sebastià Bennasar

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El asesinato de los marqueses de Urbina / Mariano Sánchez Soler / Roca Editorial / 1ª edición, marzo de 2013 / 188 páginas / ISBN 9788499185873

dijous, 18 d’octubre del 2012

LA NOVEL·LA NEGRA COM A FONT PER A LA HISTÒRIA


El 17 d'octubre els francesos varen viure un dels episodis més sagnants i desconeguts de la seva història contemporània, el que es coneix com a la Ratonnade, quan la policia i els serveis secrets varen matar més de 200 algerians en ple conflicte de la descolonització (podeu veure les notícies de El País i La Vanguardia aquí sota). Aquest episodi havia quedat en bona part ocult per l'Estat i s'havia investigat molt poc, però en canvi l'escriptor Didier Daeninckx va escriure Memòria Mortal, que es va publicar el 1987 amb el número 8 de La Negra de La Magrana, on la trama de la novel·la està vinculada de forma molt directa amb aquests esdeveniments, que ocupen bona part de la primera part del llibre. LLegir aquesta novel·la fa transpirar la por que sentien els manifestants, les angoixes dels moments, i ens submergeix en aquella jornada del 1961. Una vegada més la novel·la negra demostra ser una font ben vàlida per a la història i fins i tot un llibre de denúncia que obre portes a investigacions futures.
imatge alusiva a la convocatòria
La sinopsi de la novel·la és aquesta:
Memòria mortal. Dimarts, 17 d’octubre de 1961. París. Roger Thiraud, professor d’història i de llatí del Institut Lamartine, cau abatut a trets durant una manifestació d’algerians contra la guerra d’Algèria. Tolosa de Llenguadoc, 1982. Bernard Thiraud, historiador que investiga la condemna a mort que un tribunal col·laboracionista  va dictar contra Charles De Gaulle a Tolosa cau abatut a trets quan surt de fer unes consultes als arxius de l’Ajuntament. Si l’inspector  Cadin vol resoldre la mort del fill, haurà de resoldre, també, l’assassinat de son pare, vint-i-un anys abans. La investigació l’obligarà, doncs, a fer un viatge al passat: a l’any 1961, però també, a l’any 1940, a la França ocupada pels nazis.

Francia admite por primera vez la sangrienta represión de argelinos en París
Hollande rinde homenaje a los manifestantes muertos a manos de la policía en 1961
MIGUEL MORA París 17 OCT 2012 - 19:19 CET31

Decía hace unos días el eminente actor Jean Rochefort que los franceses son especialistas en reconocer sus faltas medio siglo después de que ocurran. Hoy ha quedado demostrado una vez más, cuando el presidente francés, François Hollande, ha asumido oficialmente la culpa del Estado francés en la "sangrienta represión" de una manifestación a favor de la independencia de Argelia celebrada en 1961 en París. Hollande ha calificado lo ocurrido hace 51 años como una "tragedia", y ha reconocido que los manifestantes “fueron asesinados”.

En una nota breve, el Elíseo señala que "el 17 de octubre de 1961 los argelinos que se manifestaban por el derecho a la independencia fueron abatidos durante una sangrienta represión". "La República reconoce con lucidez estos hechos", añade Hollande, que subraya que “51 años después”, es hora de rendir homenaje “a la memoria de las víctimas".

El presidente socialista cumple así con una promesa electoral hecha hace justo un año. El lunes, el Partido Socialista había pedido un reconocimiento oficial de lo ocurrido. Y un poco antes de que Hollande hablara, el alcalde de París, Bertrand Delanoë, había depositado una corona de flores ante la placa conmemorativa que hizo colocar en 2001.

Es la primera vez que un jefe del Estado galo asume la responsabilidad de aquella masacre, cometida bajo la presidencia de Charles de Gaulle y de la que no se conoce siquiera la cifra exacta de víctimas, aunque diversos libros y estudios estiman que hubo entre 50 y 200 muertos.

La represión fue dirigida por el prefecto de policía Maurice Papon, que decidió disolver una manifestación del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino convocada junto al Arco del Triunfo contra el toque de queda impuesto a los “franceses musulmanes de Argelia” que vivían en la región de París. El centroderecha ha criticado las palabras de Hollande, y el jefe de filas de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Christian Jacob, ha afirmado que es "intolerable poner en cuestión a la policía republicana, y con ella a toda la República".

Según el escritor Jean-Luc Einaudi, autor del libro 'La batalla de París - 17 de octubre de 1961', al menos una veintena de personas murieron durante la represión de la protesta, mientras 40 desaparecieron.

En una entrevista concedida hoy a la televisión France 24 antes de que se conociera la decisión de Hollande, el escritor ha explicado que la tardanza del reconocimiento oficial se debe a "diversas razones".

"La primera es que los responsables siguieron durante mucho tiempo ocupando funciones importantes en el Estado francés" como fue el caso de Papon, prefecto en 1961 y que fue ministro hasta 1981, o el entonces ministro del Interior, Roger Frey, que presidió el Consejo Constitucional hasta 1983, informa EFE.

Además, François Mitterrand, que estaba en la oposición cuando se produjeron los hechos, "no quiso que se volviera a los años de la guerra de Argelia" una vez llegó al poder, "teniendo en cuenta sus propias responsabilidades como ministro del Interior y luego como ministro de Justicia".

Solo el paso del tiempo y la publicación de libros ha permitido que "la verdad se abra camino", ha dicho Einaudi, que piensa que el "momento crucial" fue el proceso celebrado en 1999 contra Maurice Papon que "finalmente permitió que se conociera la masacre".

Einaudi ha lamentado que desde la Prefectura de Policía de París se ha tratado de "mantener las versiones engañosas y de actuar para obstaculizar" el reconocimiento de la matanza. Hollande visitará Argelia en viaje oficial a principios de diciembre.


Francia reconoce su culpa en la masacre de argelinos en París en 1961
Decenas de argelinos murieron ahogados en el río Sena cuando reivindicaban una Argelia independiente y ahora la República reconoce aquella represión
Internacional | 18/10/2012 - 08:14h


17 de octubre de 1961. Una fecha que Francia, el país que creó e impulsa los derechos humanos en el mundo, ha querido sin éxito borrar de su memoria histórica sin celebrarla hasta hoy.
La noche olvidada por el Gobierno francés del general De Gaulle que pretendió atenuar la demanda independentista de un grupo de ciudadanos franceses de izquierdas y argelinos que se manifestaron por las calles del centro de París reclamando la soberanía plena para Argelia, que en aquella época estaba bajo la gestión administrativa de la República francesa y ya sufrían desde 1958 tanto los franceses que vivían en el país africano como los argelinos las dolorosas consecuencias de la guerra de independencia.
Aquella noche, el prefecto de la Policía de París, Maurice Papon (acusado años más tarde de colaborar con los nazis en la deportación de miles de franceses en la Francia de Vichy ocupada por las tropas de Hitler) mintió al presidente De Gaulle sobre los resultados de la brutal represión policial de aquella manifestación.
"Sólo hubo un grupo de heridos", dijo. Según los archivos policiales la represión acabó con la masacre de decenas de manifestantes que murieron ahogados en el río Sena cuando escapaban de los disparos y de las porras de la policía francesa.
Por su parte, el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino asegura en aquellos archivos que murieron más de 200 manifestantes, en su mayoría por disparos policiales y ahogados en el río Sena.
Cincuenta años más tarde de aquella noche fatídica para la historia de Francia, el presidente de la República, el socialista François Hollande, ha dado un paso colosal en el que reconoce que la República francesa tuvo su responsabilidad en la represión.
Supone un serio intento para cerrar las heridas entre Francia y Argelia, que nunca se han cerrado en un país donde miles de franceses sufrieron la guerra de independencia y padecieron el rechazo de la metrópolis cuando regresaron a Francia huyendo de la guerra tras la independencia de Argelia y miles de argelinos también padecieron la represión francesa por defender el nacimiento de su propio país al margen de la potencia colonial.
François Hollande ha reconocido oficialmente en nombre de su país la "sangrante represión" ejercida contra los argelinos que se manifestaron el 17 de octubre de 1961 para reivindicar el derecho a la independencia.
"La República reconoce con lucidez esos hechos. Cincuenta y un años después de esa tragedia, rindo homenaje a la memoria de las víctimas", dijo el jefe del Estado en un comunicado difundido por el Palacio del Elíseo, sede de la presidencia.
Ese año, convocados por el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino, varios miles de manifestantes pacíficos acudieron al centro de París en familia, incluso con niños, pese al toque de queda impuesto a los "franceses musulmanes de Argelia" por el entonces prefecto de policía Maurice Papon.
Según los historiadores, entre varias decenas o centenares de personas murieron víctimas de la brutal represión que se desató contra ellos, y muchos de los cuerpos fueron lanzados al río Sena para hacerlos desaparecer.
El balance oficial ofrecido en aquella época por Papon, no obstante, dejó constancia solamente de tres muertes, que se atribuyeron a la Policía en estado de "legítima defensa".
Con la declaración de Hollande se rompen hoy 51 años de silencio estatal respecto a esos hechos, sobre los que el exministro de Interior del anterior Gobierno, Claude Guéant, había considerado que Francia no debía presentar excusas.
El relato, según los historiadores
La represión de la policía parisina, entonces dirigida por Maurice Papon -que finalmente fue condenado en 1998 por crímenes contra la humanidad perpetrados durante el gobierno de Vichy-, contra la población argelina de la región parisina duró todo el otoño de 1961.
En aquellos años convulsos y en pleno debate sobre la descolonización de Francia, en especial de Argelia (Jean-Paul Sartre defendía la descolonización, pero miles de franceses que vivían en Argelia y en Indochina no querían dejar de vivir en aquellos territorios ni sufrir el desarraigo que provoca cualquier guerra) la Francia de De Gaulle ya había más o menos perdido la guerra de Argelia (acabó en 1962) y el general empezaba a negociar con el FLN argelino (entre sus filas también habían terroristas).
El 17 de octubre de 1961, una manifestación pacífica convocada por el FLN contra el toque de queda impuesto para todos los argelinos que vivían en la región parisina por el prefecto de policía Maurice Papon desembocó en una represión brutal, que causó entre 70 y 200 muertos según los investigadores (el historiador Jean-Luc Einaudi cuenta 200, y 325 argelinos muertos por la policía durante el otoño 1961 ).
Los argelinos no fueron las únicas víctimas, porque la policía interpelaba basándose en los rasgos físicos de los transeúntes, ello significó que cualquier persona de aspecto mediterráneo fuera detenida, golpeada y asesinada.
Algunas de las víctimas fueron tiradas al río Sena, mientras que otras muertes fueron disimuladas de manera burocrática. Las víctimas fueron detenidas en el Palacio de Deportes y en el Estadio Pierre de Coubertin, donde sufrieron un trato brutal.
La masacre fue objeto de ocultación estatal, estimando el presidente Charles de Gaulle que era "un asunto secundario". El 8 de febrero de 1962, otra manifestación en contra de la guerra de Argelia y de la organización terrorista OAS acabó en una masacre, la llamada "masacre de Charonne" (una estación de metro parisina).
La manifestación había sido convocada por el Partido Comunista y la CGT, pero no fue autorizada por el prefecto de policía Maurice Papon. Éste ordenó la carga de las fuerzas de orden contra los manifestantes, que causó 8 muertos directos y otro muerto a consecuencia de sus heridas.
Pero las tensiones ya venían de años atrás. El 17 de junio de 1966, De Gaulle aprobó una ley de amnistía que incluía "los actos cometidos en el marco de operaciones policiales administrativas o judiciales", imposibilitando así que se investigaran las responsabilidades en ambas masacres.
En los años siguientes, la masacre de octubre de 1961 continuó siendo un tema tabú. A finales de 1961, el libro de Paulette Péju,Ratonnades à Paris, que relataba los acontecimientos con fotografías de Elie Kagan, fue publicado por la editorial Maspero pero fue censurado y retirado de la venta al poco tiempo.
También la película de Jacques Panigel, Octobre à Paris, que reconstituía los hechos basándose en esas mismas fotografías y en testimonios de argelinos presentes en la manifestación, fue censurada y retirada en su primera proyección en octubre de 1962. Habrá que esperar hasta mediados de los años 1980 para que estos acontecimientos fuesen sacados del olvido, con la publicación de nuevos trabajos de investigación.
En la década de 1990 la masacre del 17 de octubre, como es conocida en Francia, llegó a la conciencia nacional. 
Durante el proceso, los Ministros de Justicia Jean-Pierre Chevènement y Elisabeth Guigou crearon dos comisiones de investigación a fin de estudiar estos mismos archivos policiales y judiciales. Tres historiadores, entre los que figuraba Jean-Paul Brunet, fueron también autorizados a acceder a estos archivos.
El juicio a Maurice Papon
Papon fue juzgado solamente por los hechos perpetrados cuando era prefecto de Burdeos durante la Segunda Guerra Mundial y siempre negó, a pesar de las pruebas acumuladas contra él por el historiador Jean-Luc Einaudi, su responsabilidad directa en la masacre.
En febrero de 1999, Maurice Papon denunció por difamación a Einaudi por un artículo publicado el 20 de mayo de 1998 por el periódico Le Monde, en el que el historiador escribía: "Persisto y firmo. En octubre de 1961, hubo en París una masacre perpetrada por las fuerzas de orden actuando con órdenes de Maurice Papon." El antiguo prefecto de policía perdió el juicio en marzo de 1999.
El 17 de octubre de 2001, el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë puso una placa en el puente Saint-Michel, cerca de Notre-Dame, para conmemorar la masacre.